El circo era redondo como el mundo. Como al mundo lo podía recorrer

El circo era redondo como el mundo. Como al mundo lo podía recorrer, descubrir. Saliendo hacia la derecha podía llegar rodeándolo al mismo punto de donde había partido, atravesando diferentes territorios -todos familiares- algunos más apacibles, otros más peligrosos.

….

Por las noches, al terminar la última función, se iban apagando las luces de la carpa y quedaban encendidas las de las casillas; se cruzaban algunos a tomar mate, a retrasar el momento de ir a dormir y así, entre charlas y risas, mi hermano Carlitos, Celeste y yo jugábamos sobre la cama… al circo.

A medida que adultos y niños nos calmábamos, se apagaban luces, voces y sonidos y nos preparábamos para descansar. En las noches frescas del verano, con la ventana abierta, me arrullaba el sonido que llegaba desde la jaula del león. Tranquilo, él también se iba durmiendo y se escuchaba su respiración entrecortada con levísimos rugidos a medida que se entregaba al sueño sin resistencia.

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